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Publíquenlo en Judá y que se oiga en Jerusalén. Toquen la trompeta en todo el país; griten a voz en cuello y digan: «Juntémonos y entremos en las ciudades fortificadas.
No hemos suplicado al Señor para que nos hiciera volver de nuestros perversos pensamientos.
Vuelve, Jacob, y abrázala ccamina hacia la gloria a la claridad de su luz
Algunos, sin embargo, escaparán a la espada, dejaré un resto en medio de las naciones cuando los haya dispersado entre ellas.
Los abatiré completamente, convertiré su país en una soledad, en una ruina doquiera habiten, desde el desierto hasta Ribla. Entonces sabrán que soy Yavé.
En su "Joya", que constituía su orgullo, pondrán sus miserables ídolos, y por ello yo se la convertiré en algo horroroso.
Abrí la boca para que me hiciera comer ese rollo,
Recuperé, pues, a mi esposa, pagando por ella quince monedas de plata y una carga y media de cebada.

